sábado, 11 de marzo de 2017

El redescubrimiento de la iglesia fortaleza


         Quienes se acercan ahora al pórtico de la antigua colegiata de Santa María de Borja pueden contemplar esos cuatro arcos apuntados, entre contrafuertes, que corresponden a una parte del adarve que rodeaba al templo, tras la reforma llevada a cabo en el siglo XIV, cuando adquirió las características propias de las llamadas “iglesias fortalezas”.





         Borja acaba de sufrir las terribles consecuencias de la guerra de los dos Pedros, en la que se habían enfrentado Aragón y Castilla. Ocupada por los castellanos, muchos edificios fueron saqueados e incluso parcialmente destruidos. Así ocurrió con Santa María que, entonces, era un templo románico de piedra. Por eso, al terminar el conflicto hubo que reconstruirlo, adoptando la tipología de una iglesia fortaleza que por estar adosada a la muralla, se convertía en un baluarte de la misma.



         Pero, aunque se conocía la existencia de buena parte de su estructura, no era posible adivinarla, tras la reforma experimentada por el templo en el siglo XIX, y por las construcciones que se le habían adosado. En concreto, junto al pórtico se encontraba la llamada “casa de la campanera” que servía de alojamiento para la persona encargada de hacer sonar las campanas a lo largo del día.  Fue al derribar esa edificación cuando aparecieron, en aceptable estado de conservación, esos restos del siglo XIV.



         Las obras, llevadas a cabo en el año 2000, tenían por objeto dotar al pórtico de un nuevo arco que, probablemente, nunca existió, pues cuando fue construido ya se encontraban al lado estos edificios. Pero, al derribar la casa de la campanera, fueron apareciendo los restos del adarve en la forma en que muestran estas fotografías.


         En la parte inferior se encontraron dos arcos que correspondían a las embocaduras de dos antiguas capillas. El de la derecha tenía rosca y se optó por mantenerlo como testimonio de aquella etapa, mientras que el de la izquierda se cegó dado que había sido construido perforando el muro de ladrillo, siendo su forma bastante irregular. Las capillas a las que se accedía a través de ellos, estaban en el exterior, sobre el solar de la casa y desaparecieron con la transformación neoclásica del templo.




         Lo más inadecuado de la intervención fue el tratamiento dado al contrafuerte, siendo el resultado final el que aparece en la última imagen.

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